microrrelatos de amor y desamor cortos para leer

A continuación os presentamos una selección de 17 microrrelatos de amor. Algunos bonitos y tiernos, otros sin embargo, pueden llegar a ser muy tristes.

Encontrarás textos de autores conocidos, pero también de algunos genios de la literatura breve que han podido pasar un poco mas desapercibido.

¡Que los disfrutes!

A primera vista – Poli Délano

Verse y amarse locamente fue una sola cosa. Ella tenía los colmillos largos y afilados. Él tenía la piel blanda y suave: estaban hechos el uno para el otro.

Amor 77 – Julio Cortázar

Y después de hacer todo lo que hacen se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son.

69 – Ana María Shua

Despiértese, que es tarde, me grita desde la puerta un hombre extraño. Despiértese usted, que buena falta le hace, le contesto yo. Pero el muy obstinado me sigue soñando.

El harén de un tímido – René Avilés Fabila

Cómo temía decirles que no, opté por conservar a todas las mujeres que he amado.

Toque de queda – Omar Lara

—Quédate, le dije.

Y la toqué.

Calidad y Cantidad – Alejandro Jodorowsky

No se enamoró de ella, sino de su sombra. La iba a visitar al alba, cuando su amada era más larga.

Mitiline – Miguel Ramírez Macías

–“¡Al fin solas!”
–“¡Al fin solas!”, dijo ella también a su simétrica manera. Y sin más preámbulo comenzó a desnudarse cálida y serenamente, disfrutando cada movimiento previo a aquel acercamiento en que, con inmenso placer, accedió a acariciar lenta, muy lentamente, su imagen en el espejo.

Tú y yo – Marco Denevi

Leímos todo cuanto había sido escrito sobre el amor. Pero cuando nos amamos descubrimos que nada había sido escrito sobre nuestro amor.

Su amor no era sencillo – Mario Benedetti

Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse. En realidad, su amor no era sencillo. Él padecía claustrofobia, y ella, agorafobia. Era sólo por eso que fornicaban en los umbrales.

El cielo y la tierra – Javier Alonso García-Pozuelo

No estoy muerto; lo sé con certeza porque a los muertos no les despierta su madre un domingo a las nueve de la mañana para ventilar la habitación. No estoy muerto y, sin embargo, ¿no fue el paraíso donde anoche me llevaron tus besos?

Río de los sueños – Gustavo Sainz 

Yo, por ejemplo, misántropo, hosco, jorobado, pudrible, inocuo exhibicionista, inmodesto, siempre desabrido o descortés o gris o tímido según lo torpe de la metáfora, a veces erotómano, y por si fuera poco, mexicano, duermo poco y mal desde hace muchos meses, en posiciones fetales, bajo gruesas cobijas, sábanas blancas o listadas, una manta eléctrica o al aire libre, según el clima, pero eso sí, ferozmente abrazado a mi esposa, a flote sobre el río de los sueños.

Amor – Jorge Timossi

Al ser informada oficialmente, Ana no dudó un instante y pidió el ingreso en la misma habitación aislada del Centro Médico donde Héctor había sido recluido quizás para siempre.

La Flor del amor –  Salarrué

La mariposa loca revoloteó junto a la rosa, con tan poco tino que se clavó en la espina y allí quedó muerta, con sus alas azulverdeoro, bellamente fláccidas, caídas sobre las hojas.

-¿Qué flor eres? -preguntó sorprendida y celosa la rosa reina del jardín.

-Soy la legítima flor del amor -repuso la espina orgullosa.

Y sin saberlo, decía la verdad.

Despecho – Andrés Neuman

A Violeta le sobran esos dos kilos que yo necesito para enamorarme de un cuerpo. A mí, en cambio, me sobran siempre esas dos palabras que ella necesitaría dejar de oír para empezar a quererme.

El profesor – Jean-Paul Richter

Un pobre profesor que quería ser director adjunto ha terminado casándose con la hija de su superior, a quien ama por conveniencia; pero en los antiguos poemas que les explica a sus alumnos encuentra muy útil ese anhelo de amor infinito que no existe aquí en la tierra.

Perder la cabeza – Rodolfo Lobo Molas

Nunca entenderé como hay hombres que pierden la cabeza por una mujer –meditaba Juan en las sombras– mientras Salomé le sacaba brillo a una bandeja de plata.

El tabaco mata – Ángel Fabregat Morera

–¡Voy a por tabaco! –me dijo con cierto nerviosismo.
Luego me di cuenta de que encima de la mesa había un paquete prácticamente lleno. Ya no volvió.
Ese día empecé a fumar.
Hasta aquí nuestra selección de microcuentos de amor.
¿Qué te han parecido?
Puedes escribir sobre los que te hayan gustado más en los comentarios o seguir leyendo más microrrelatos.

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